quarta-feira, 28 de julho de 2021

Tesouro Escondido

17ª Semana do Tempo Comum | Quarta-feira
Primeira Leitura (Êx 34,29-35)
Responsório (Sl 98)
Evangelho (Mt 13,44-46)

<O Reino dos Céus é também semelhante a um tesouro escondido num campo. Um homem o encontra, mas o esconde de novo. E cheio de alegria, vai, vende tudo o que tem para comprar aquele campo. (Mt 13,44)> 

A atitude natural daquele que encontra um precioso tesouro é mantê-lo escondido e desfrutar dele no o oculto. Tão somente após deleitar-se com o achado é que pode nascer algum desejo de compartilhar um pouco de sua riqueza, realizar alguma caridade. E nada há de errado ou reprovável nisso. Mas hoje há tanta gente que afirma tem encontrado algo, mas tão já se apressa em compartilha-lo, torná-lo público. Criaturas que colocam seu deleite não no mesmo tesouro, mas na vã atenção das turbas. No melhor dos casos são charlatões, que nada encontraram mas apenas agitam os seus semelhantes com bobagens. No pior dos casos são estultos incapazes de desfrutar daquilo que eles mesmo encontraram, como abelhas domesticadas que trabalham incansavelmente para encontrar um pólen de qualidade e produzir um bom mel, só para ter seu preciso tesouro tomado por outros que dele desfrutarão (quem sabe para adoçar um delicioso chá).

domingo, 25 de julho de 2021

O clero herodiano


Nos contam as sagradas escrituras que os magos pararam em Jerusalém, afim de obter informações a respeito de onde deveria nascer o Messias. Herodes, depois de consultar os sábios hebreus, lhes informa que o menino haveria de nascer em Belém. A impiedade de Herodes era a muito conhecida, entretanto, quando meditamos a respeito, não há como não escandalizar-se ante a insensibilidade dos judeus que, sabendo das profecias e alertados pela presença dos magos, preferiram ficar onde estavam, no conforto da corte, ao invés de partir em jornada para buscar aquele que lhes fora anunciado pelos profetas. O escritor polaco Jan Dobraczyński, na obra La Sombra Del Padre, coloca seu talento literário a serviço da fé e nos apresenta uma descrição imaginária de como se poderia ter dado a cena e de que modo estavam os sábios judeus envolvidos na teia das conspirações herodianas. Segue a transcrição:


—Bueno, ¿qué te parecen? —preguntó Salomé.

Herodes estaba sentado en su lecho. Tenía el rostro tan encogido, que podría pensarse que no había nada en él, fuera de los ojos ardientes de fiebre y la nariz grande. El terrible esfuerzo que se imponía para ocultar sus sufrimientos le agotaba más que los momentos en que se abandonaba a los gritos.

—Tuviste razón —murmuró— al fijarte en ellos. Son probablemente enviados del rey de los Partos. Le habrá llegado la noticia de mi enfermedad. Se cree que ya me estoy muriendo. ¡Esta historia del supuesto Saoshyant no es más que una treta! No creo en sus cuentos. Aquel les envió para enterarse de la situación…

—¿Y crees que no significa nada esta historia del Niño, que ha nacido…?

—Hasta allí han llegado las patrañas de los fariseos. Lo cierto es que buscan aliados aquí.

—Entonces hay que despacharlos.

—Tengo que hablar primero con los Judíos. ¿Están ya aquí los que hice llamar?

—Están aquí esperando tu permiso para presentarse ante ti.

—¡Que entren. Diles que sean breves. Que no hablen como suelen hacerlo! ¡No tengo fuerzas para escuchar tonterías! Ya tendría que estar en Callirhoe. Allí, lo sé, desaparecerán los dolores… ¡Tenían que venir estos Partos ahora! Tú los hiciste venir a palacio…

—Tú mismo me has dicho que hice bien.

—Sí. Es cierto. Tenías razón. ¡Llama a esos Judíos!

Iban entrando en la sala uno tras otro, rígidos, tiesos, vestidos con sus ropas largas.

Los sacerdotes llevaban encima los distintivos de su dignidad. Iba primero el gran sacerdote Simón, hijo de Betos, el suegro de Herodes, padre de la bella Mariamme, que se convirtió en esposa del rey después de la muerte de Mariamme la Asmonea. Para elevar la dignidad de la que deseó convertir en su esposa oficial, Herodes nombró gran sacerdote a Simón, privando del poder al antiguo gran sacerdote, Jesús, Hijo de Foabis.

Simón iba acompañado de varios sacerdotes. Siguiéndoles venían varios fariseos con los ojos mirando al suelo, como para demostrar en qué poca consideración tenían las magnificencias del palacio o quizá para no mirar las esculturas griegas colocadas en los ángulos de la estancia. En cabeza iban Polión y Samea, dos dirigentes fariseos que mantenían estrechos contactos con el rey. Detrás, dos jóvenes fariseos llevaban sosteniéndole por los brazos al anciano Hillel. Herodes con gesto benévolo mandó ofrecer una silla al venerable doctor. El gran hakam —rector de toda la escuela que llevaba el nombre de «Casa de Hillel»— era un hombre respetado en todo el reino, y también fuera del reino, allí donde existían colonias judías.

Los recién llegados se colocaron en semicírculo delante del rey. Sus caras reflejaban una ansiedad que no acertaban a disimular. No sabían para qué habían sido realmente convocados. Herodes despertaba en ellos temor. A decir verdad, trataba de ser conciliador, pero sabían que era capaz de ser zorro y león simultáneamente. Además, estaban convencidos de que la enfermedad lo había vuelto loco.

El rey estaba como de costumbre envuelto por una nube de humo aromático. Salomé estaba detrás de su hermano dispuesta a acudir en su ayuda.

—¿Sabéis para qué os he hecho llamar? —preguntó con vehemencia.

—Lo suponemos únicamente… —el que tomó la palabra en nombre de todos era Simón—. Creemos que se trata de esas personas que han llegado del reino de los Partos…

—Sí. ¿Habéis oído la noticia que traían?

—La princesa Salomé nos lo dijo…

—¿Qué os parece esta historia del nacimiento?

Las cabezas de los presentes se volvieron hacia Hillel. Dejaron la palabra al gran maestro.

—Conocemos este asunto, rey Herodes… —Hillel hablaba con voz un tanto espesa y, a medida que hablaba, se hacía más clara—. En siglos remotos, cuando el rey de Persia se mostró benigno con Israel, permitiéndole regresar a las tierras de sus antepasados, los sabios judíos de entonces trataron de demostrar en sus escritos que las creencias de los discípulos de Zarathustra son un eco de nuestras esperanzas de un mesías. Y parece ser que esperan lo que nosotros esperamos hace muchos siglos, lo que nos ha sido prometido y llegará solo para nosotros…

—¿Quieres decir —Herodes interrumpió a Hillel— que los Persas, al esperar a su Saoshyant, esperan simplemente al mesías judío?

—Tal como has dicho, rey. La verdad es como el sol reflejado en un millar de espejos.

—Bien —Herodes alcanzó la copa de vino mezclado con una infusión de hierbas, que tenía la virtud de frenar el ataque de dolor que se acercaba—. ¿Cuándo ha de venir ese mesías vuestro?

Lanzó esta pregunta a Simón, pero este, con un movimiento de cabeza, la pasó al sacerdote que estaba a su lado. El otro hizo lo mismo. De hombre en hombre, como una moneda rodando, la pregunta dio la vuelta y se detuvo otra vez en Hillel.

—Preguntas, rey —dijo el gran rabino—, por algo que solo conoce el Altísimo, cuyo nombre sea glorificado. Pero hay señales.

—¿Qué señales? —Herodes volvió a interrumpir el parlamento lleno de emoción de Hillel—. ¿Dónde están?

—Estas señales aparecen únicamente en el corazón de los hombres. Hay algunos que sienten que el tiempo está cerca…

No dijo nada más. Terminó como si quisiera cortar su pensamiento. Herodes esperó un momento, luego volvió a echar mano de la copa. Deseaba tener suficiente fuerza para concluir esta conversación. En el fondo, no soportaba a los fariseos. Los consideraba como sabihondos henchidos. Mostraba respeto a Hillel. Con Polión y con Samea pactaba en diversos asuntos. A veces le eran necesarios. A través de ellos tenía la sensación de sujetar por las riendas a la peligrosa secta. Sabía que grandes masas de am-ha’arez incultos, aunque tratados con desprecio por los fariseos, profesaban hacia ellos un temor sumiso. Esos escribas eran los amos de los secretos de esta gente extraña que le cayó en suerte gobernar. El que quisiera gobernar a los Judíos tenía que contar con los fariseos. Herodes era rey de los Judíos y quería ser rey de los Judíos. Este pueblo lo irritaba y al propio tiempo lo fascinaba con sus peculiaridades. Le había ocurrido exactamente lo mismo con Mariamme la Asmonea: La quiso con locura y al mismo tiempo sospechaba de ella, la temía, a veces la odiaba. Hubo un tiempo en que creyó que había aniquilado a los fariseos. Sin embargo, resurgieron. Le parecían indestructibles. A los sacerdotes los dominaba con facilidad. Apreciaban por encima de todo la comodidad, el bienestar, las buenas relaciones con los gobernantes. No pretendían que la fe de Israel fuera la única verdadera ni que todos los que creen otra cosa son tontos o pecadores, condenados tanto unos como otros a la perdición. Simón, que procedía de Alejandría, estaba acostumbrado a la convivencia con los griegos, y no diría nunca lo que dijo hace poco uno de los escribas fariseos (el hecho fue comunicado a Herodes): «Maldito el que cría cerdos y maldito el que enseña a su hijo la sapiencia griega». Los fariseos eran insoportables con su soberbia. Con sus puntos de vista envenenaban a las masas, eran los culpables de que el reino de Herodes fuera considerado siempre como algo completamente distinto a todos los demás reinos. En Roma se hablaba con desprecio de los Judíos y, sin embargo, el emperador colmaba de favores a los Judíos como a ninguna otra nación que le estaba sometida. Estuviera donde estuviese una colonia judía, hasta allí llegaban las influencias de los fariseos… Ahora estaban ante él con los ojos mirando al suelo. Les odiaba, y sin embargo sentía que tenía que contar con ellos. Proclamaban por doquier que estaban más bajo la protección del Dios hebreo que todos los demás hombres. Quizá fuera así realmente. Quizá conocían algunos conjuros secretos. Sabía que estaban mezclados en la conjura de Antípatro y Ferorás, pero no trataba de averiguar lo que estos les habían prometido.

—He oído decir —dijo mirando de arriba abajo a los que estaban delante de él— que ese mesías ha de nacer cuando el rey hebreo no sea descendiente de Judá. ¿Es eso lo que anuncian vuestras profecías?

Acongojados, intercambiaron una mirada. Samea tomó esta vez la palabra en nombre de todos.

—La profecía no es muy precisa, puede interpretarse de varias maneras…

—¿Sin embargo hay algo de esto? Ircano, antes de sufrir el castigo merecido, residió entre los Partos. Quién sabe lo que les contaría entonces. Los hombres que han venido aquí pueden conocer esta profecía.

Callaban diplomáticamente. Su mirada iracunda tropezó en sus caras y ellos se encogieron sobre sí mismos.

—¿Dónde ha de nacer este mesías? —lanzó la pregunta como si lanzara un dardo.

Sus miradas evitaban los ojos de Herodes. Corrían de uno a otro hasta detenerse otra vez en Hillel.

—La profecía habla claramente —dijo el rabino después de un momento de silencio.

Citó como si entonara un cántico—: «Y tú, Belén, Tierra de Judá, no serás la última entre las ciudades de Israel, porque en ti nacerá un jefe, que reinará sobre el pueblo de Israel…».

—¿Belén? —Herodes se alisó la barba que, como no estaba teñida, parecía salpicada de ceniza—. ¿Es esa miserable aldea que está aquí cerquita, cuna de la estirpe de David?

—No existe otro Belén —aseguró Polión—. Tienes razón, es una miserable aldea. La estirpe de David empobreció y perdió su importancia.

—No necesitas decírmelo —exclamó—, ya lo sé. Entonces, en este caso… —la mirada iracunda del rey recorrió las caras del círculo de hombres—. ¿Dónde va a nacer este mesías vuestro? ¿De dónde vendrá? ¿Quién será? ¿Qué esperáis, pregonándolo al populacho?

—No esperamos nada… —empezó tímidamente el gran sacerdote—. Tenemos nuestra fe, y entre sus verdades hay también profecías acerca del mesías… No podemos ocultarlas. Pero nosotros mismos tememos que el populacho pueda tomar al pie de la letra las palabras de las antiguas profecías…

Herodes se echó a reír mordazmente.

—¿Tenéis miedo? A ti te creo, suegro. Eres una persona con sentido común y sabes que cada fe tiene sus cosas incomprensibles. Pero estos —apuntó con el dedo a los fariseos— piensan de otra manera. Peroran sobre el mesías a diestro y siniestro —su repentina explosión de ira rompió el freno de la cautela—. ¿Creéis que no estoy enterado de que habéis participado en las conspiraciones de mi hijo?

En la sala se hizo un profundo silencio. Luego Polión y Samea exclamaron al unísono:

—¡No fuimos nosotros! ¡No fuimos nosotros, rey!

—Si no vosotros, vuestros compañeros.

—Hubo, es cierto, algunos locos que entraron en conversaciones indebidas… Fueron castigados.

—Y sin embargo inducís a la gente a no prestar juramento al emperador.

—Somos tus súbditos, rey, no de los Romanos.

—Vosotros mismos habéis apelado a los Romanos contra vuestros propios reyes… ¡Cuando os venga bien lo haréis de nuevo!

De un brinco se levantó de la cama. Estaba excitado. Corría de uno a otro lado gritando y amenazándoles con los puños.

—Hoy incitáis a los am-ha’arez contra los Romanos, mañana los incitaréis contra mí. ¡Os conozco muy bien! ¡Si os hiciera falta el rey Parto, os levantaríais para él contra mí y contra los Romanos! Adivino para qué han venido estos hombres. Este hablar del mesías y del Saoshyant no es más que una cortina de humo. Mi reino está ubicado en la frontera de dos potencias. Hay que decidirse: estamos con los Romanos o con los Partos. Yo he decidido: seré amigo del César. Cuando los Romanos están con nosotros, tenemos paz. Pero a vosotros os gustan las conspiraciones y tenéis vuestros propios planes. Para ellos queréis destruir lo que yo he construido. Estos hombres vinieron aquí en busca de aliados entre vosotros. Y vosotros también —se paró ahora delante de los sacerdotes y les amenazaba con el puño— os habéis dejado arrastrar. ¡Os creéis que los Romanos se dejarán expulsar por cualquier am-ha’arez, al que llamaréis mesías! ¡Nadie ha vencido a los Romanos!

Se interrumpió porque le faltó aliento. Tosiendo fuertemente se volvió a sentar en el lecho. Exhalaba un olor a cadáver que el humo aromático no conseguía neutralizar. Aprovechando que se había callado, los judíos intercambiaron una mirada de inteligencia. Simón tomó la palabra. Hablabla deprisa, febrilmente, la voz le temblaba.

—No nos acuses sin razón, yerno. Tu acusación es injusta. Preguntabas por la profecía y te hemos contestado según está escrito en los libros antiguos. Pero, tal como te dije, estas antiguas profecías no se sabe exactamente lo que significan. Nosotros estamos contigo. Te somos fieles. Sabemos cuánto has hecho por el reino. Si esos hombres han venido para buscar aliados e incitar a la rebelión, no los encontrarán entre nosotros. Nosotros no queremos rebeliones. Existe una profecía sobre el mesías, es cierto… El pueblo la conoce y espera al mesías. Hace siglos que está esperando. Nadie sabe exactamente quién va a ser ese mesías… Últimamente la gente empezó a delirar. Asocian el asunto del juramento con el asunto del mesías… Hay en esto algo de culpa de los fariseos… ¡Pero no de todos! Apreciamos al rabino Polión, al rabino Samea, veneramos al gran maestro Hillel… Pero en Galilea hay cabezas calenturientas, irresponsables. El rabino Polión ha dicho que aquellos fueron castigados… No queremos revueltas. No esperamos a ningún mesías que induzca a la rebelión. ¡No queremos un mesías semejante! Además, ¿para qué un mesías? Tenemos un rey, tenemos un césar… Reina la paz, el comercio se desarrolla, los caminos están seguros, hay tantas hermosas construcciones nuevas. A esos hombres que han venido, lo mejor sería… —no terminó, sino que hizo un movimiento muy expresivo—. Pero ya sé. No se puede. Son servidores de un gran rey. No les puede ocurrir nada desagradable. Entonces hay que alejarlos de alguna manera… Pero, rey, no nos acuses a nosotros; ¡somos fieles servidores!

El largo parlamento de Simón permitió a Herodes recuperar fuerzas. La ira volvió a replegarse en el fondo de su corazón. Escuchaba las palabras atemorizadas del gran sacerdote con la cabeza inclinada hacia el hombro y los ojos a medio cerrar. Gracias a la excitación se olvidó de su enfermedad. Era de nuevo él mismo: un zorro astuto.

—¿Y qué dice el rabino Hillel? —preguntó, cuando Simón dejó de hablar.

El anciano doctor levantó sobre Herodes los ojos medio cubiertos por las cejas. Dijo con la misma lentitud que antes:

—El gran sacerdote te ha asegurado, rey, que no somos rebeldes. Y de veras es así.

Creemos en la llegada del mesías… Algún día llegará sin lugar a dudas… Pero consideramos que no hay que apresurarse a reconocerlo. Cuando alguien grite:…«¡Llega el mesías!», un sabio auténtico no dejará que este grito turbe sus pensamientos, sino que lo considerará con calma. Porque la enseñanza de los doctores es tan importante y santa como las palabras de la Torah, y el Altísimo no interrumpirá su curso para enviar Su Ungido…

Los demás fariseos aprobaban las palabras del rabbí con un movimiento de cabeza.

Se sintió tranquilizado.

—Bueno —dijo—, los llamaré y les diré que vayan a Belén. Arreglaos para que nolo encuentren ni allí ni en otra parte. Que se convenzan de que no hay ningún mesías. Luego, cuando vuelvan aquí, les haré unos regalos y los mandaré de nuevo al reino de los Partos.

—Eres sabio, rey —admitieron varias voces—, como el mismo Salomón.

—Idos ya —les dijo él.

* * *

Solamente después de un buen rato se presentó el ataque. Aunque se retorcía de dolor, no dejaba de hacer proyectos para el futuro. Dijeron que era un rey sabio — pensaba—. Como su Salomón… Sin embargo no me fío de ellos… No importa, ya me las arreglaré. Si no fuera por este dolor… Como si estuviera empalado… Siempre seré más hábil que aquellos que creen que me van a engañar. ¡No ha nacido todavía el que me engañe! ¡Oh, si no fuera por este dolor!…

quarta-feira, 14 de julho de 2021

Fuga para o campo, pudor ante o sagrado e a mística dos pobres


15ª Semana do Tempo Comum | Quarta-feira 
Primeira Leitura (Êx 3,1-6.9-12) 
Responsório (Sl 102,1-7) 
Evangelho (Mt 11,25-27) 

1. Depois do incidente com o egípcio, Moisés foi para o campo, onde permaneceu por décadas. Foi, pois, cuidar de seus assuntos. Casou, fixou-se em uma propriedade e ali permaneceu até que Deus o chamou. Moisés não buscou o poder, não mais procurou bancar o herói por iniciativa própria, foi simplesmente cuidar de sua vida. A iniciativa veio de Deus. No tempo determinado, Ele chamou a Moisés, Ele lhe deu poder, Ele o enviou ao Faraó, Ele libertou o seu povo da escravidão. O mesmo ocorreu com Davi, estava o rapaz pastoreando os campos e Deus por meio do profeta Samuel o unge como rei. Mas, há quem se incomode com isso. Há pouco tempo as redes sociais foram inundadas de rancor contra aqueles que buscam o que buscou Moisés, ir para o campo e lá permanecer com sua família. Estão, pois, abdicando da luta, desistindo da busca pelo poder, dizem os opositores indignados. Mas, por que alguém deveria se meter nessa encrenca senão em obediência a um mandato divino? Se houver uma restauração da Igreja antes do fim, será por iniciativa divina e não obra de mãos humanas... E se não houver, há que se cuidar da família, dar esmola aos pobres e suportar as perseguições que antecedem o fim. 

2. Antes de aproximar-se do Horeb, Deus ordena a Moisés que tire as sandálias, pois está a adentrar em um lugar santo. O profeta também cobre o rosto, é dito que não ousava olhar para Deus. Existe uma saudável dose de pudor e temor na lida com o sagrado. Nosso povo é um tanto quanto irreverente, e isso é perigoso... Estamos lidando com poderes que escapam a nossa compreensão e onde qualquer erro pode ter consequências dramáticas e catastróficas para a nossa vida tanto no tempo quanto na eternidade. 

3. Há que se ter cuidado para não cair na tentação democratista, a idolatria do povo, tão comum neste continente que no século passado se manifestou por meio da Teologia da Libertação e foi responsável pela vulgarização da arte litúrgica, seja na música, seja na oratória e na arquitetura. Dito isto, porém, não se deve desprezar o povo. Há de fato uma mística nos simples. Há realidades as quais Deus esconde dos sábios e entendidos mas revela aos pobres e pequeninos. Se não estamos neste último grupo, deveríamos pelo menos nos aproximar deles com sadia curiosidade, e procurar apreender aqueles mistérios o quais a Providência quis lhes confiar.

segunda-feira, 12 de julho de 2021

Se esqueceram a José...


15ª Semana do Tempo Comum | Segunda-feira
Primeira Leitura (Êx 1,8-14.22)
Responsório (Sl 123)
Evangelho (Mt 10,34–11,1)

Por meio de José, Deus salvou o povo egípcio da fome. De algum modo, José apesar de estrangeiro fora um herói nacional para os egípcios, sendo recompensado pelo faraó com honra e poder. E por gratidão a José, os egípcios acolheram também sua família, seu povo teve morada naquela terra por cerca de 200 anos. Mas, como a memória dos povos é efêmera ... Aconteceu que um novo faraó chegou ao poder, um homem que não conhecera a José, e a relação dos egípcios ante os israelitas deixou de ser de gratidão para se transformar em temor. Aquele povo crescia rápido demais, estava se tornando numeroso e forte. O temor se transformou em ódio e os egípcios passaram a oprimir os hebreus, submetendo-os a escravidão.

José fora um varão abençoado por Deus, um santo veterotestamentário e, contudo, fora esquecido pelos egípcios. Se esqueceram a José, tanto mais não ocorrerá com homens não tão santos... Mas quantos ébrios não alimentam a ilusão de poder eternizar seu nome através da política, de que seus planos ecoem para além de sua vida por séculos a fio. Os anjos se riem de tal presunção.
Se esqueceram de José, quiçá de nós...

domingo, 11 de julho de 2021

Sukeban Deka: "Como eu odeio a fraqueza!"


Tal como ocorre com o vinho, onde a distância temporal e espacial torna certos exemplares tanto mais saborosos, o mesmo poderia se dizer da arte. Sukeban Deka é uma dessas obras onde o aspecto exótico e antigo a torna tanto mais interessante.

Ao chegar ao ocidente (mais especificamente aos EUA) a obra fora traduzida como Delinquent Girl Detective, o que não está de todo errado. Todavia é oportuno aprofundar um pouco a respeito do fenômeno tipicamente japonês das sukeban. Sob influência do lixo ideológico produzido pela Escola de Frankufurt, os EUA por meio de seu aparato cultural exportou para o mundo a degeneração pós-moderna: culto a juventude, promiscuidade sexual, rebeldia, drogas e feminismo. Ao chegar no Japão, esses anti-valores mesclaram-se com certos elementos marginais da cultura local, impulsionando o fenômeno das gangues juvenis. Surgiram os bancho (ou banchou) e as sukeban, sendo o primeiro termo usado para designar os delinquentes do sexo masculino e o segundo termo referência as moças. E como o Japão é um país de refinado senso artístico, tais grupos apresentavam um visual característico, uma estética própria, e uma organização interna curiosa; de tal forma que pouco depois do surgimento de tais grupos, a cultura pop tratou de dar-lhes um tom folclórico... Essa mitificação de elementos criminosos não é algo específico do Japão, os EUA fizeram o mesmo com a máfia no clássico O Poderoso Chefão, há na cultura popular brasileira um fenômeno análogo ante os cangaceiros de Lampião, e ainda antes de tudo isso houve a mitificação em torno dos antigos piratas, vikings, etc... Voltando as sukeban, inicialmente sua assimilação pela cultura pop japonesa se deu em um mercado nada honroso: a indústria pornográfica. Por algum motivo, os japoneses da época estavam cansados das mocinhas tímidas e submissas e passaram a idealizar essa rebeldia feminina. Um dos principais estúdios que lucrou com esse tipo de filme foi a Toei, que de forma um tanto quanto irônica é hoje um grupo especializado na produção da brinquedos e conteúdo infantil. [A maioria das informações deste parágrafo veio daquele lixo radioativo da Vice, se alguém quiser aprofundar nessa porqueira, segue o link]. Nesse contexto é que pouco tempo depois veio a surgir o mangá Sukeban Deka, que era um seinen, um gênero de mangás dirigido ao público adulto... Mas, alguém teve a brilhante ideia de pegar todo esse contexto complicado e transformar em uma obra juvenil, e assim nasceu o tokusatsu Sukeban Deka (embora alguns o considerem antes como um dorama, eu não entendo muito sobre essas classificações).

De certo modo, a obra subverte a subversão, ao transformar todos esses elementos adultos e marginais em uma forma de entretenimento mais leve, dirigido a um público mais amplo. A obra é protagonizada por Saki Asamiya, uma ex-sukeban em busca de redenção, que agora trabalha para uma organização policial secreta, afim de poupar sua mãe da cadeira elétrica, a qual fora condenada por assassinar o marido. Ao longo da primeira temporada, Saki é transferida (antes infiltrada) em diversas escolas afim de investigar diversos crimes. Afinal, se há ambientes de difícil penetração por um agente policial comum, quem iria desconfiar de uma garotinha do colegial? Ah, e não posso deixar de mencionar o elemento central na caracterização da personagem, seu ioiô. Ioiô? Pois é, ela combate criminosos armadas usando um mero ioiô, e também é capaz de dar mortais, usar poderosos golpes de artes marciais e levantar gente com duas vezes o peso dela. Não me pergunte como, é afinal um tokusatsu, uma série de ação para adolescentes, tipo um Power Rangers, esses elementos não precisam de explicação ou realismo, só está lá para encantar o público. E como não pode faltar em obras desse estilo, a série está recheada de frases de efeito sensacionais: "A trilha desta delinquente Saki Asamiya é uma trilha cheia de ruínas... Agora nesta era de decadência, se eu pudesse rir eu riria"; "Bastardos como vocês que cometem roubo por dinheiro... Para vocês minha alma nunca se rebaixará!".

A primeira temporada de fato surpreende, traz uma reflexões interessantes, tem um bom suspense que vai se aprofundando ao longo dos episódios, e o roteiro chega níveis inimagináveis para o público a qual se dirige (tratando a respeito de temas como estupro, traição e morte), sem falar que a estética dos anos 80, que comtemplada a décadas de distância adquire um charme tanto maior. Minha única crítica é que, apesar de um episódio com vagas referências estéticas ao catolicismo, a obra (tal qual ocorreu como Final Fantasy II) não consegue lidar muito bem a perspectiva cristã do perdão. A vingança e o ''nunca vou te perdoar'' dão o tom ao final da temporada. 

De todo o modo, é uma obra interessante, que vale a pena conferir.

***

Encerro esse texto com um pequeno apêndice descrevendo o sétimo episódio da primeira temporada, que traz uma reflexão interessantíssima sobre a necessidade da virtude da fortaleza:


Uma série de assassinato tem ocorrido com o corpo docente de um famoso colégio de elite. Saki, a Sukeban Deka, uma colegial detive (protagonista da trama) que trabalha para uma organização secreta superior a polícia, é transferida ao colégio, se infiltrando como uma das alunas para investigar o caso. Logo ao chegar na escola, se depara com uma cena estranha, as alunas sendo humilhadas em público, tendo seus cabelos cortados pelos professores na frente de todas as demais, como castigo, por insistirem em tentar reabrir o clube de arco e flecha.

Em conversas posteriores, Saki descobre que o clube fora fundado por um bondoso professor, Monma, e que através do desporto tinha tirado muitos alunas da delinquência, as ajudado a amadurecer e superar problemas pessoais e dramas da juventude. Monma era vítima da inveja dos colegas docentes, que em sua ausência invadiram e vandalizaram o clube. Uma das melhores alunas Yumi, na ocasião tentou defender o clube e assustar os desordeiros, fazendo com que uma flecha passasse de raspão ao rosto de um professor, que usou o episódio para humilha-la, expulsa-la do colégio, e encerrar definitivamente as atividades do clube. De posse de tais informações, Yumi é a principal suspeita, e Saki vai a sua procura. Depois de uma batalha entre as duas evolvendo dardos e ioiô, ambas se tornam amigas e Yumi lhe conta a sua história, e como ela é grata ao Monma e por respeito ao bom caminho que ele lhe ensinou ela resiste ao ímpeto vingativo de dar o troco nos demais professores.

A história avança de modo a revelar que o responsável pelos atentados é o agora demitido professor Monma. Yumi ao descobrir isso dá um jeito de deixar pertences seus na cena do crime afim de assumir a culpa e poupar o professor que tanto admirava. Inconformada com a amiga que sabe inocente levar a culpa, Saki vai atrás do verdadeiro culpado e entra em uma batalha contra Monma. Yumi volta a cena para proteger seu antigo professor. Saki derrota Yumi e confronta Monma. Pensa numa guria brava, Saki no diálogo em meio a batalha diz ao professor como ele foi fraco, como traiu os ideais de educação que ele defendida caindo facilmente no caminho da ira, como não só  apenas não foi capaz de proteger as alunas mas fez uma delas entrar em perigo por sua causa. O professor está insensível,  louco de raiva que não pensa em mais nada senão atirar flechas. No fim Saki derrota o infeliz e vai embora com raiva dele e da Yumi. De nada adianta belos ideais sem força para defendê-los... Monma não foi capaz de proteger nem a si mesmo, nem suas alunas, colocando-as em maior perigo. Sua derrota e desmoralização também serviriam para manchar seus ideais e dar razão aos demais professores imbecis que maltratam as alunas, que saíram todos impunes.



Saki odeia a fraqueza. Quiçá façamos nós o mesmo.

sexta-feira, 9 de julho de 2021

Escravos da terra?


14ª Semana do Tempo Comum | Sexta-feira
Primeira Leitura (Gn 46,1-7.28-30)
Responsório (Sl 36)
Evangelho (Mt 10,16-23)

Na primeira leitura estamos ante a cena da migração do patriarca Jacó e sua família para o Egito. A fome o obrigou a deixar a terra de Canaã. O patriarca estava receoso, pois aquela era a terra da promessa da qual era herdeiro, a terra onde fora sepultado seus pais, mas Deus o tranquiliza, reafirmando que no tempo oportuno sua descendência voltaria aquele lugar (e voltou, embora tenham se passado cerca de alguns séculos).

No Evangelho, Cristo instrui os apóstolos acerca da missão. Há vários trechos preciosos, mas hoje me limito a destacar apenas um, que está em consonância direta com a primeira leitura, diz Nosso Senhor: <Se vos perseguirem numa cidade, fugi para outra. Em verdade eu vos digo: não acabareis de percorrer as cidades de Israel antes que volte o Filho do Homem. (Mt 10, 23)>.

Não somos, pois, escravos da terra. Se algum ambiente nos é prejudicial, não precisamos ter escrúpulos de deixá-lo se há algo melhor à vista. Seja esse ambiente uma paróquia, uma cidade, um país, ou coisas mais simples como determinado círculo de amigos, um emprego ruim, um relacionamento inadequado (ainda não consumado em matrimônio, depois que casou já era, estão ligados até a morte) ou certo paradigma intelectual. A falta dessa sã prudência faz com que muitas pessoas se aborreçam em demasia e tornem sua vida mais amarga do que deve ser... Se a Jacó fora lícito migrar de Canaã, a terra prometida, durante um período de crise, quiçá para nós...

terça-feira, 6 de julho de 2021

O combate de Jacó


14ª Semana do Tempo Comum | Terça-feira
Primeira Leitura (Gn 32,23-33)
Responsório (Sl 16)
Evangelho (Mt 9,32-38)

A primeira leitura de hoje nos coloca ante a cena do misterioso combate de Jacó. O santo patriarca passa a madrugada pelejando contra um misterioso ser, o resultado da luta chega pouco antes da aurora, onde Jacó é ferido no nervo da coxa. Após o combate, por sua valentia, Jacó conquista um novo nome: a partir daquele momento seria conhecido por Israel. Comumente se identifica seu adversário como sendo um anjo, entretanto para São Justino se trata de alguém infinitamente mais poderoso, ninguém menos que a segunda pessoa da santíssima trindade, o Cristo.

Ainda que tenhamos deixado o tempo dos excessos puritanos, não raro vemos manifestações contrárias aos esportes de combate motivadas por afetações pacifistas. Diz-se que é coisa de bárbaros, se procura estender inadvertidamente a condenação dos duelos a toda e qualquer peleja, etc etc... Como poderia, pois, o desporto, o combate recreativo ser algo condenável se o próprio Deus desceu dos altos céus, para lutar com o santo patriarca? Se Ele quis provar a força de Jacó, fazendo da luta uma espécie de rito de passagem que cuja coração seria expressa com a troca do nome para Israel?

Que a meditação do combate em Fanuel toque nossos corações, e desperte nos varões a paixão pelas artes marciais e os desportos de combate, meio adequado para o cultivo e expressão da virtude da fortaleza.