sexta-feira, 3 de dezembro de 2021

O início da via purgativa - Pe. Roberth Hugh Benson

Al principio, como hemos dicho, el alma disfruta extraordinariamente con lo meramente externo, que considera santificado por la presencia de Cristo. Por ejemplo, la organización humana de la Iglesia, sus métodos, las funciones litúrgicas, la música y el arte religiosos, todo tiene para ella un sentido celestial y divino.

Con extraordinaria frecuencia, la primera señal de que ha empezado a recorrer la vía purgativa consiste en la sensación que experimenta el alma de lo que el mundo llama desilusión. Y esta sensación tiene causas muy distintas.

Por ejemplo, el alma se encuentra frente a unos hechos desconcertantes un sacerdote indigno, una congregación desunida, escándalos en la vida cristiana, etc., justamente en los ámbitos en los que Jesucristo debería ser el modelo supremo. Pensaba que la Iglesia era perfecta por ser la Iglesia de Cristo, o el sacerdocio inmaculado por pertenecer al orden de Melquisedec… Y para su decepción, se encuentra con la vertiente humana indefectiblemente asociada a las cosas divinas en la tierra.

La novedad empieza a disiparse, y ahora el alma siente que las cosas que creía más directamente relacionadas con su nuevo amigo son ajenas, temporales y transitorias en sí mismas. Su amor por Cristo era tan grande como para hacer brillar todas aquellas cosas externas que ambos compartían; ahora, ese brillo empieza a apagarse y las ve mucho más terrenales. Y cuanto más intenso fue su amor imaginativo, más intensa es su decepción actual.

Esta es, pues, la primera etapa de la vía purgativa; el alma siente desilusión ante las cosas humanas y considera que los cristianos deberían ser —y después de todo no son— otros Cristos.

El primer peligro se presenta inmediatamente: no hay procedimiento de limpieza que no implique cierto poder destructor. Y si el alma es un poco superficial, perderá la amistad con Cristo (la que tenía) además de las atenciones y regalos con los que Ella obsequiaba y complacía. En el mundo hay almas débiles que fallan en esta prueba, que confunden un enamoramiento humano con el Amor esencial, y en cuanto Cristo se despoja de sus adornos, se separan de El. Pero si son almas más firmes, habrán aprendido la primera lección: que la divinidad no radica en las cosas materiales y que el amor de Cristo es algo mucho más profundo que los mismos regalos que El hace a sus nuevos amigos.

- Robert H. Benson. La amistad de Cristo; p.12.

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